¿Nuevo estalinismo?

Cuando Alain Badiou, en un momento de su seminario sobre “La esencia de la política” (1991-92), menciona el “estilo político-extático de los años treinta” del siglo XX, dice que “su seriedad y su profundidad” estaban vinculadas inevitablemente a la producción de un desastre.  El desastre habría sido la “teatralización, localizada bajo el signo de una puesta en escena del lugar, de un nudo singular entre política, Estado y filosofía, cristalizado en la obligación del éxtasis del lugar” (132).  La aparición del nombre sagrado del líder y la producción del espacio político como espacio de terror, en el cual a parte de lo que es no se le permite ser, son consecuencia directa del éxtasis del lugar.  Uno tendería a pensar en el fascismo como la manifestación más obvia de esa teatralización estatista.  Badiou, que excluye al nazismo de la noción de desastre en la medida en que el nazismo nunca se propuso como política emancipatoria, le da otro nombre preciso: estalinismo.  No cabe pensar que ese nombre no recurrirá ya más en nuestra historia.  ¿Hacia dónde se mueve hoy la izquierda?  ¿Cuáles son las propuestas emancipatorias incipientes en plena crisis del coronavirus?  ¿Y en qué lugar está la política que nunca pretendió ser emancipatoria?

El estilo político-extático de los años treinta del siglo XX no fue ajeno a la crisis económica de los años veinte.  Dadas las predicciones económicas, corremos el riesgo no tan remoto de una nueva territorialización extática a partir de la crisis del coronavirus.  Carlo Galli la identifica en un breve texto llamado “Epidemia y soberanía” como una incipiente exacerbación de la soberanía, en una situación que plantea, desde el punto de vista democrático, “dos exigencias iguales y contrarias:” la primera, que esa soberanía reclamada sea eficaz, que funcione, por ejemplo, para abordar el problema sanitario y para promover una reconstrucción económica; por otro lado, “que la emergencia no se institucionalice en un estado de excepción” (Galli 2). 

Ahora bien, si vencer la crisis supone “inventar una nueva normalidad, refundar el pacto de nuestra democracia,” para Galli “tendremos necesidad de soberanía” (3).  Y ese es el peligro: que en esa nueva necesidad de soberanía, bajo el pretexto de una refundación del pacto democrático, se reconstruya la práctica política como voluntad de fundación de un nuevo lugar extático en el terror.  A partir de la afirmación de soberanía y de su formulación identitaria. 

En el confinamiento necesario para evitar el riesgo del contagio aparecen veleidades y voluntarismos comunitaristas.  Pero el generoso aplauso a las fuerzas sanitarias y de orden público que trabajan para contener o mitigar la intrusión vírica tiene en su reverso oscuro la denuncia al que se atreve a romper la prohibición de confinamiento y el miedo agresivo contra el posible portador vírico.  La prohibición de comunidad implícita en el confinamiento es una inestable señal contracomunitaria.  Que la comunidad sea hoy asesina queda invertido en una imprecisa nostalgia comunitaria.  Esa contradicción podría tender a resolverse–faltan semanas de confinamiento, semanas de nostalgia comunitaria–en una nueva equiparación epocal de carácter extático que forzara la equivalencia entre bien y necesidad: que el bien político (o económico) tuviera que ser constituido a partir de la postulación de una nueva sutura comunitaria.  Sabemos lo que eso puede implicar.  Sabemos que hay sectores de la población ya previamente predispuestos a ello.  En la derecha y también en la izquierda.

Comentando a principios de la década de los noventa los tres grandes libros que cerraron filosóficamente la secuencia comunitaria (comunista) que habría comenzado con la Revolución francesa, esto es, los libros de Jean-Luc Nancy, Maurice Blanchot y Giorgio Agamben sobre comunidad, Badiou, es sabido, pide una reconstitución del pensamiento de la comunidad que incida en lo imposible e innombrable de la comunidad misma, lo que en la historia de la comunidad o del comunismo constituyó desastre absoluto, que es cabalmente su sutura al lugar, su sutura al liderazgo extático, y su sutura al terror como liquidación de lo que la sutura excluye. 

¿Queda hoy el resto de una política emancipatoria que permita evitar ese riesgo?  ¿O lo que viene exacerbado en el nuevo voluntarismo comunitarista, de izquierda y de derecha, que es la otra cara de la gestión estatal-administrativa que reclamará o ha reclamado ya mayor e infinita soberanía, es justamente no otra cosa que la insistencia en una nueva comunidad hegemónica cuyo logro forzaría un retorno, como farsa, al estilo político-extático de los años treinta del siglo XX?  En términos de Badiou, un nuevo estalinismo.  Pero también el fantasma de aquello que Badiou excluye del desastre. Es preciso pensar alternativas. 

Obras citadas

Badiou, Alain. L’essence de la politique (1991-92). París: Fayard, 2018.

Galli, Carlo. “Epidemia e sovranità.” https://ragionipolitiche.wordpress.com/2020/03/27/epidemia-e-sovranita/

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