Carta a Jorge Alemán

La semana pasada escribimos por facebook a Jorge haciéndole la pregunta que puede leerse abajo. Jorge todavía no nos ha contestado formalmente, pero dio una segunda entrevista a Kling en Punto de emancipación en la que pareció proponer una respuesta a nuestra pregunta bajo la noción de que “la transformación del sujeto es condición de la transformación política.” Cabe quizá decir, aunque asumiendo plenamente que cuando un lacaniano habla de “la transformación del sujeto” no dice lo mismo que dicen los gurus de la autoestima ni los falsos profetas de la felicidad, que esa respuesta nos parece insuficiente en la medida en que puede fomentar malentendidos. No nos interesa tanto la transformación del sujeto desde ningún ideal de introspección meditativa, no nos interesa particularmente el cuidado de sí en las tradiciones a las que Foucault remitía, tampoco por lo tanto ninguna estética de la existencia, y menos nos interesan, claro, los propósitos de enmienda tan caros a la tradición cristiana. Más bien nuestra pregunta se interesaba por la posibilidad de recuperación, en el confinamiento, de una exterioridad existencial, de una ex-cripción no directamente comunitaria ni directamente política. A eso le llamábamos “facticidad,” que es a nuestro juicio lo inmensamente perdido en el pensamiento contemporáneo. Y en la facticidad también por lo tanto la posibilidad de una facticidad transfigurada, a la que Jean-Luc Nancy, por poner un ejemplo, llamó en algún momento “decisión de existencia” y a la que Jacques Derrida, por dar otro ejemplo, solía referirse como “aprender a vivir” al final de su vida. No queremos, por supuesto, forzar a Jorge a decir lo que no quiera decir, tampoco a ningún acuerdo. Solo nos parece útil, para preparar alguna conversación futura, marcar que, si es preciso hablar de “transformación del sujeto” para instrumentalizar alguna nueva operación de reinvención política, sería también preciso hablar de una transfiguración del “objeto,” es decir, del afuera que hoy ha quedado tan radicalmente reducido a la búsqueda de un “común” que, además de ser tan imposible como innombrable en nuestra época, no tendría en ningún caso, nos tememos, capacidad generativa. O solo la tendría perversamente. Sostendríamos que no puede haber reinvención política, solo repetición, sin una revisión fundamental de la definición de sujeto de existencia que implicara también la revisión destructiva de la diferencia sujeto-mundo en las coordenadas contemporáneas, que todavía son las coordenadas modernas, aunque ya en estado agónico.

Esta es la carta inicial a Jorge:

Querido Jorge Alemán:

Un par de amigos y yo hemos estado charlando informalmente sobre la entrevista que hiciste con Kling en Punto de emancipación y decidimos que era obligado preguntarte algo. Ojalá tengas tiempo para contestar. Entendemos, primero, que en la entrevista estableces cuatro puntos que podemos enumerar así: 1. El capitalismo hoy está desbocado y produce y continuará produciendo efectos más allá del control de agentes humanos; 2. Es necesaria una reinvención de la izquierda, que sigue pensando la situación desde parámetros inadecuados; 3. La única posibilidad semivisible es una estatalización fuerte sin totalitarismo, una estatalización no autoritaria; 4. En suma, ante el fracaso civilizatorio se hace preciso otro comienzo, que está por pensarse. Pero hay otra propuesta menos obvia en tu texto, y que vinculamos a lo que dices al principio sobre cómo esta intrusión vírica global representa una irrupción de lo real en la que la realidad se tiñe de angustia. Hablas, como dice el punto 2 arriba, de la necesidad de una reinvención de la izquierda y de una reinvención de lazos sociales y, en la respuesta a la pregunta de Kling sobre el confinamiento, vuelves a usar la palabra “reinvención,” esta vez como “reinvención de uno mismo,” y asociada a la oportunidad que en su reverso ofrece el confinamiento, y que tú describes como “separación del mundo que permite pensar el mundo,” una extrañeza, distancia o lejanía, dices, “que podría dar algo otro que angustia y pérdida.” Lo llamas “experiencia meditativa,” y en ella cifras esa posibilidad de “reinvención de uno mismo.” En nuestra conversación, Jaime Rodríguez Matos, Gerardo Muñoz y yo pensábamos si es preciso pensar esa doble reinvención necesaria, la política y la personal, como una sola reinvención necesaria. Y si para pensarlas juntas tu vieja temática de la soledad:común se hace precisa. Creo que ya sabes por dónde vamos. Hacia el principio de la entrevista vinculas la intrusión de lo real en la pandemia con la catástrofe de un capitalismo desbocado y la culminación de la metafísica en esa voluntad de poder ya fuera de todo control por parte humana. Tu alusión a la experiencia meditativa no puede sino evocar la analítica existencial heideggeriana y su mandato de hacer explícita la facticidad propia. ¿Será entonces que ese paso atrás con respecto de la propia existencia que se hace posible como oportunidad en la experiencia de confinamiento, en su vinculación general a la soledad:común de lo humano, es la que podría hacer posible la reinvención política que pides, que es también reinvención del lazo social? ¿Cómo ves esto? Abrazos, Alberto (y Jaime y Gerardo)

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