Seminar Notes on Fred Moten and Stefano Harney’s The Undercommons.

“To move towards the mode of living that we like” (119) means to dismantle the general structure of contemporary oppression, to get beyond it, in order to reach a place where one always already is: what does it take?  In the first place, a refusal, even if in the name of a preservation.  A refusal of the choices that are offered, which are, as such, the very organization of the structure of oppression.  We choose a general antagonism, which is, from the understanding of the commitment to war, which causes oppression, also a commitment against the commitment to war. 

To think about the refusal we need study, over against institutional thought, and fugitivity, over against the actions of the settler. 

This would lead to a revolution without politics.  Politics are delusion, also part of the structure of oppression.  We must, therefore, also cultivate a general antagonism to politics.

There is an outcast mass intellectuality of the undercommons, a general intellect that is always already fugitive.  The structure of oppression (the ideological state apparatus, not just prisons, hospital, asylums, also universities, churches, NGOs) means to turn outcast intellectuality into deputized state agents. 

In the university, for instance, there is a (fugitive or) subversive intellectual opposing the critical (or institutional) intellectual.  The fugitive intellectual cultivates, through study, a prophetic organization.  The critical intellectual is a policy maker.  An oppressor. 

The fugitive intellectual accepts a radical passion and passivity, which makes him or her unfit for subjection.  The critical intellectual seeks subjection through policy.  And agency.

The fugitive intellectual (but this is the intellectual of mass intellectuality, that is, everyone) remains in an exteriority, which is the non-place of the undercommons.  That is his or her fugitivity.  It is the infrapolitical field, where “wayward labor, surplus, waste” obtain. 

The political field is the field of sequestration.  It can only countenance what is sequestered and what is to be sequestered, ceaselessly so.  By governance and policy, by deputized policy agents, which form the other “everyone.”   Subtraction from sequestration is the attempt to dwell in the ontological difference. 

Hence, fugitivity is a dwelling in the exception to the general equivalent.  It is a break in/out of capitalist discourse.

Black study is a persistence in the refusal of sequestration.  It seeks the prophetic organization of life against all manner of policy commands, against the night riders of the state of the situation.  Hence against the imposition of consensus, the imposition not on selves but of selves.  From the general antagonism of the social, which is the site of the ontological difference. 

Fugitivity, explored and channeled through study and planning, is not only a refusal to be governed, it is also a refusal to govern.  It stands against any imperative of submission, and against any command for participation (since “the participant is the deputy’s mirror image”). 

One must choose:  will you be the police or would you find an alternative relation to world?  Provided you would want “to move towards the mode of living that [you] like.”

If “to work [to live] is to be asked, more and more, to do without thinking, to feel without emotion, to move without friction, to adapt without question, to translate without pause, to desire without purpose, to connect without interruption” (87), that is, if today’s choice is: “Logistical populations will be created to do without thinking, to feel without emotion, to move without friction, to adapt without question, to translate without pause, to connect without interruption, or they will be dismantled and disabled as bodies in the same way they are assembled, by what Patricia Clough calls population racism” (91), the imperative is:

1) to submit to the contemporary structure of oppression under those determinations.

2) to opt for prophetic, that is, infrapolitical life: “the prophet is the one who tells the brutal truth, who has the capacity to see the absolute brutality of the already existing and to point it out and to tell that truth, but also to see the other way, to see what it could be.” 

5 thoughts on “Seminar Notes on Fred Moten and Stefano Harney’s The Undercommons.

  1. Alberto: me parece muy sugerente la figura del intelectual fugitivo como residuo de la expansión de la crítica universitaria. Recientemente he pensado en la actualidad de la crítica comprendida como tecnología universitaria caída en su acumulación. Pareciera que un momento de la crítica es indisociable del arrastre del discurso del saber y de la ilusión de la captura del sentido, supuestamente validada por una lectura particular de la tradición. El intelectual crítico de nuestros días lleva consigo la insignia de este legado, así como el hechizo de poder mejorar la realidad existente. Su pertenencia y producción afirman la historia en un doble sentido. En tanto cristalización identitaria y como ruina de ese esfuerzo. El fugitivo es cuando se desidentifica. No sigue caminos, hace el suyo a cada paso. En cierto sentido, imagino al intelectual fugitivo como el resto histórico de la filosofía de la historia que, al ser rechazado, vuelve, de otra manera, discontinuo, anacrónico, enfatizando la historicidad ahí donde el semblante se ha sedimentado. Me pregunto, Alberto, si el intelectual fugitivo es el residuo de la crítica.

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    1. Buscapiés, a mí a estas alturas me parece ya claro que la noción de intelectual crítico es una ruina más en la herencia de la tradición ilustrada. Por eso yo tiendo a pensar que la noción de “residuo” no es aplicable aquí—el residual es el crítico. El intelectual fugitivo—concepto que les debemos a Moten y a Harney, pero que yo apropio como sinónimo cuasi-sinónimo de intelectual marrano—no es un residuo, sino más bien una figura oscura en los márgenes de la historia cuya virtualidad recobra quizás un nuevo uso en el presente. Por eso, por ejemplo, de la deconstrucción necesitamos algo más que crítica, para no hablar del marxismo, mientras que disciplinas o tendencias que se agotan en la producción crítica están ya solo caducas y hundidas en la improductividad que no cesaron de combatir (pero solo desde la noción de productividad biempensante.) Todo esto no significa que no haya ya necesidad crítica, puesto que sin crítica—sin rechazo—no habría fugitividad.

      From: Infraphilosophy
      Reply-To: “comment+eiotazk-pup1zi3c0n1vl8yu0v@comment.wordpress.com”
      Date: Monday, April 5, 2021 at 11:56 PM
      To: “Moreiras, Alberto”
      Subject: [Infraphilosophy] Comment: “Seminar Notes on Fred Moten and Stefano Harney’s The Undercommons.”

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    2. Y otra cosa, buscapiés: el intelectual crítico, como dicen Moten y Harney, es hoy un productor de policy. Y su interés está en el management universal. Para mí eso acaba siendo lo decisivo. Hay una arrogancia específica que lleva a condenar (y a hacerle la vida imposible) a todo aquel que no comulgue con ellos. Yo lo he visto toda la vida en la universidad en este país, y de forma creciente. La función del intelectual crítico hoy es solo garantizar la administración de pensamiento único: es el neoliberalismo progresista, que sirve para distraer de la idea (es más que una idea: es el estado de cosas) de una existencia regulada, precarizada, administrada exhaustivamente. Y no podemos tampoco engañarnos: el intelectual fugitivo vive en la zona de excepción que el intelectual crítico declara. El intelectual fugitivo es vida desnuda para el intelectual crítico o progresista. (El intelectual reaccionario—de ellos hay pocos en un sentido literal, casi todos los intelectuales son neoliberales progresistas—se divierte mirando la guerra desde el muro mientras los progresistas le hacen el juego.).

      From: Infraphilosophy
      Reply-To: “comment+eiotazk-pup1zi3c0n1vl8yu0v@comment.wordpress.com”
      Date: Monday, April 5, 2021 at 11:56 PM
      To: “Moreiras, Alberto”
      Subject: [Infraphilosophy] Comment: “Seminar Notes on Fred Moten and Stefano Harney’s The Undercommons.”

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  2. Vale, sí. Te sigo con la figura del fugitivo. Estas tipologías de intelectuales de las que te apropias y que has ensayado en varias ocasiones aquí, como en otros lugares, me hacen pensar en tantas cosas. En particular en las secreciones, o bien, las escrituras (en su más amplio sentido) producidas por los intelectuales fugitivos, marranos, y por los caballeros de la fe. La antifilosofía, como la he comprendido hasta ahora, la leo como una de estas secreciones desobradas, “antidiscurso”, donde estaría, siguiendo tu entrada del 14 de mayo de Sosiego Siniestro, “el secreto de la crítica” y la búsqueda en registros de otros “su propia decisión de existencia”. En este sentido, encuentro resonancias con la historiografía entendida de la siguiente manera:

    “La historiografía crítica es la operación tecnológica que se hace cargo del vacío que ha (im)posibilitado toda historia, así como del residuo y la negatividad que la metafísica ha sacrificado y rechazado para afirmarse. La historiografía en su despliegue no es una, no es parte de ninguna escuela ni de un método, aunque su tradición sea antigua, como la historia. Tampoco es únicamente un quehacer intelectual disciplinar. Es, esencialmente, un dispositivo que se sabe histórico y, en consecuencia, ofrece herramientas para la individuación tecnológica para la elaboración de sociabilidades que confronten toda captura totalizante. Así comprendida, la historiografía se hace cargo de las praxis emancipatorias en tanto que desactivaciones contingentes y sin-origen que, a cada paso, como en su institucionalización negativa, agujerean teleologías que busquen reducir la existencia a mera vida administrada”.

    En este sentido, la antifilosofía y la historiografía creo que se aproximan en tanto que están en esa “zona de excepción”. Estas escrituras y figuras “oscuras al margen de la historia” llevan consigo una carga histórica tal, que dan cuenta de la historicidad epocal, o sea, de otro momento histórico exterior a la teoleología. Claro, no como resolución, más bien como instante.

    En fin. No quería dejar de compartir esto. En especial, por el interés de las tipologías que mencioné al inicio.

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    1. Buscapiés, de acuerdo en que el fugitivo, el marrano, y el caballero de la fe, al renunciar a, o rechazar, la resignación crítica, buscan una “relación absoluta con lo absoluto” en la que cifran su plus de goce. Creo que eso se aplica a tu uso sui generis de la noción de historiografía crítica, a la que pareces darle la vuelta con respecto a su sentido convencional y habitual–¿no sería mejor encontrar otra palabra y dejarle la historiografía a la legión de los historiógrafos?

      From: Infraphilosophy
      Reply-To: “comment+eiotazk-pup1zi3c0kioz285f2@comment.wordpress.com”
      Date: Tuesday, April 6, 2021 at 7:16 PM
      To: “Moreiras, Alberto”
      Subject: [Infraphilosophy] Comment: “Seminar Notes on Fred Moten and Stefano Harney’s The Undercommons.”

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